Carta para
el Diógenes de la amistad
My dears,
En estas últimas semanas, he llegado a la conclusión de que soy como una capibara humana: no busco socializar activamente, pero me suelo llevar bien con todas las especies (muy imbécil me tienes que parecer para que no me caigas bien). Mi red de amistades es como el algoritmo de mi spotify, nada tiene sentido, pero todo está bien.
Hace un mes, una amiga de hace años me dijo que de la época en que nos hicimos amigas (hace 10 años), soy la única persona que conserva en su círculo, pero se dio cuenta ese día, que yo conservo bastantes más de ese lugar y ese momento.
Lo mismo me pasó hace unos meses, cuando en un evento volvieron a verse dos amigas mías, que trabajamos juntas las tres durante 10 años pero que entre ellas no habían seguido teniendo contacto.
Hace unos días, una de mis mejores amigas me dijo “quiero empezar a ser un poco como tú, a conservar a la gente que quiero, porque a veces me pasa que si no los veo cada día, aunque piense en ellos, acabo perdiendo el contacto”.
Es algo que no me había parado a pensar con detenimiento, pero ahora veo que sí, es posible que padezca un ligero Diógenes de la amistad, pero algo tengo claro: si tu amistad me aporta algo positivo, te voy a conservar, de lo contrario, no haré esfuerzos en mantener un contacto activo. Creo que debería ser lo sano de las relaciones. A veces nos esforzamos en conservar a personas que lejos de aportar, restan. Y las queremos conservar por el “es de toda la vida” y el “siempre ha sido así”. Y me parece un concepto tóxico y equivocado.
Diría que tengo la fortuna de tener una red muy bonita de personas, pero más que fortuna, diría que es un trabajo de ambas partes. Tengo amistades con las que hablo a diario, con las que hablo una o dos veces al mes y con las que hablo una o dos veces al año. Amistades con las que tomar un café y ponerse al día, otras con las que cenar e ir al cine, otras con las que irse de viaje, y otras con las que contarías sin dudarlo para hacer desaparecer un cadáver, sin preguntas, a las 3 de la mañana de un miércoles.
Si estás en mi red, gracias por ser como eres, y espero aportarte lo mismo que me aportas. Me parece bonito pensar que la vida es como un tren. Mi vagón suele estar lleno, pero no siempre está igual. Hay pasajeros que suben en alguna parada, están durante uno a diez trayectos y luego bajan, y hay otros que hacen el viaje entero contigo. Y todo está bien. Bien para los que subieron, los que bajaron, los que se quedaron y los que se volvieron a subir después de haber bajado.
Yo sigo sentada en mi vagón, admirando el paisaje y viendo hacia dónde voy.
Si quieres ver el paisaje conmigo, adelante.
Siéntate, y quédate el tiempo que quieras.
Será un placer compartir un rato de trayecto contigo.
Bonito viaje,
S.



